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Deudas

Deudas "buenas" y deudas malas: el cuento que mal usamos

El concepto de "deuda buena" se popularizó con Robert Kiyosaki y desde entonces se usa para justificar todo tipo de préstamos. Lo cierto es que el adjetivo "buena" depende de variables que casi nadie verifica antes de firmar.

15 de agosto de 2024 8 min de lectura

La idea es atractiva: hay deudas buenas (las que se usan para comprar cosas que generan ingresos o aumentan de valor) y deudas malas (las que se usan para consumo). El consejo, repetido hasta el cansancio, es endeudarse para "deuda buena" y evitar la "mala".

El problema con esta dicotomía es que es una simplificación tan grande que termina siendo peligrosa. He visto a personas hipotecarse al máximo "porque la casa es deuda buena" y quedar en quiebra cuando el mercado se ajustó. He visto a otras pedir préstamos para "invertir en sí mismas" en cursos que nunca recuperaron. La etiqueta no protege.

De dónde viene la idea

Kiyosaki, en Padre Rico, Padre Pobre, plantea que un activo es algo que pone dinero en tu bolsillo y un pasivo algo que lo saca. La definición es discutible (no coincide del todo con la contable), pero la intuición es útil: endeudarte para comprar un activo que paga más de lo que cuesta la deuda es matemáticamente positivo. Endeudarte para algo que no genera ingresos es matemáticamente negativo.

Hasta ahí, todo bien. El problema empieza cuando se usa esta idea para justificar cualquier préstamo, sin verificar si efectivamente el activo genera lo suficiente para cubrir la deuda en el peor escenario, no en el optimista.

Las cuatro preguntas que toda deuda debería pasar

Antes de firmar cualquier deuda, sea para una casa, un carro, un curso, un negocio, una operación médica o lo que sea, deberías poder responder estas preguntas con números, no con esperanzas:

  1. ¿Cuánto cuesta esta deuda en intereses totales? No la cuota mensual: el total que vas a pagar en toda la vida del préstamo.
  2. ¿Qué genera esta deuda? Ingresos directos, valorización de un activo, ahorro futuro, mejor calidad de vida... define qué exactamente.
  3. ¿Qué pasa si lo que genera resulta menor de lo esperado? ¿Puedes seguir pagando la cuota?
  4. ¿Qué pasa si pierdo mi ingreso principal? ¿Cuántos meses puedo mantener la deuda con el colchón actual?

La cuarta es la pregunta de la que casi nadie habla. Y es la que separa los problemas pequeños de las quiebras personales.

Cuándo una hipoteca es deuda buena (y cuándo no)

La hipoteca es el ejemplo clásico de "deuda buena". A veces lo es, a veces no. Es deuda buena cuando: la cuota mensual es similar o menor al alquiler que pagarías por una propiedad equivalente, la tasa de interés es razonable para tu mercado, el inmueble está en una zona con probabilidad de mantener su valor, y tu trabajo te lo permite financiar sin estar al límite.

Es deuda mala (o cuando menos discutible) cuando: te endeudas hasta el 35-40% de tus ingresos para una cuota apretada, compras sin colchón porque "siempre se puede refinanciar", el inmueble es una segunda vivienda en una zona especulativa, la tasa es variable y subir tres puntos te quiebra.

El número que la mayoría no calcula es la razón cuota/ingreso. Si pasas del 30% estás incómodo. Si pasas del 35% empiezas a vivir para la deuda. Si pasas del 40% cualquier imprevisto te tumba.

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Endeudarse para invertir: el peligro

"Pedí prestado al 8% para invertir en un fondo que da 12%. Es deuda buena porque hay diferencial positivo." Lo he escuchado muchas veces. La mayoría de las veces termina mal. ¿Por qué?

Porque el 12% es promedio histórico, no garantía. Hay años de -20%. La deuda, en cambio, es 100% obligatoria al 8%, llueva o haga sol. Cuando coinciden un mal año del mercado y un mal año tuyo, vendes en pérdida para pagar la cuota. Esto se conoce como "secuencia de retornos" y tumbó a más de uno en 2008 y en 2020.

La inversión apalancada con deuda solo tiene sentido bajo condiciones muy específicas: márgenes de seguridad amplios, plazos largos, capacidad de absorber drawdowns sin vender, conocimiento técnico real. Para el inversor promedio, no.

Educación: ¿deuda buena o deuda mala?

Otro caso de uso común. La pregunta es si los estudios financiados realmente aumentan tu ingreso lo suficiente como para cubrir la deuda. Y eso depende mucho de la carrera, del país, del mercado laboral, de tu desempeño personal.

Una maestría que te abre la puerta a un trabajo con un salario 50% mayor al actual probablemente justifique endeudarse. Un curso online de marketing digital de 3.000 dólares que prometen "cambiará tu vida" no necesariamente. La diferencia está en el mercado validado, no en el marketing del programa.

Antes de financiar un curso o carrera

Habla con tres personas que ya lo terminaron y verifica qué están haciendo hoy. Si los tres están en posiciones que requieren ese título y ganan claramente más que antes, probablemente vale la pena. Si dos de los tres están haciendo otra cosa, mucho cuidado.

El verdadero criterio

Después de leer y discutir esto durante años, llegué a una conclusión simple: la deuda es buena cuando multiplica capacidad productiva o reduce gastos futuros más que su costo. Y es mala cuando solo permite consumir ahora a costa de consumir menos después.

Esa segunda definición, sin más, descalifica el 80% de las deudas que la gente toma. Vacaciones financiadas, carros que pierden 20% al salir del concesionario, electrónica financiada a 24 meses, cirugías estéticas a cuotas. Nada de eso multiplica nada. Solo adelanta consumo.

"Lo barato es caro a cuotas." — Refrán que aplica más de lo que parece

El experimento que sugiero

Antes de tomar cualquier deuda significativa, escribe en un papel: cuánto vale, cuánto pagarás en total, qué generará, qué hará si no genera lo esperado. Si el papel te incomoda, la deuda probablemente sea mala. Si los números cierran incluso en el escenario pesimista, la deuda probablemente sea buena.

Esa hojita de papel es el filtro más útil que aprendí. Más útil que cualquier categoría binaria de deuda buena versus mala.